ALBERTO LÓPEZ GÓMEZ Decidí ser tejedor, en el telar de cintura.

Por: Jesús Sedano Hernández

Promotor cultural

En este mes de septiembre, para Orgullo Pulsart tiene una historia de vida narrada por el propio artesano, Alberto López Gómez, originario del paraje Juxtón, del municipio Magdalena Aldama, Chiapas. Hablante de su lengua Tzotzil, comenta: He llorado, he sufrido mucho, pero al final estoy haciendo lo que me gusta que es tejer en el telar de cintura. 

Con 30 años de edad, en su comunidad enfrentó la desigualdad de género, pero luche por mi derecho de aprender a tejer. 

Ser tejedor, es un oficio que desde niño me sentí atraído, pero por costumbre en su comunidad solo las mujeres podían realizar; el telar de cintura una tradición de nuestros antepasados, por generación continua viva.

Una platica emotiva, donde recuerda Alberto, como todo varón en su comunidad, tenía que dedicarse a la agricultura, al trabajo en el campo; a la muerte de su papá, sus hermanos mayores quedaron como responsables de mí, de nuestra madre y del hogar. Todos los días me levantaba a las cuatro o cinco de la mañana para ir a trabajar al campo junto con sus hermanos, por las tardes cuando regresaba a casa me acercaba a mirar el trabajo que mis hermanas y madre hacían en el tejido. Cuando mis hermanos se casan, salen de la casa para formar su propia familia. Es entonces cuando me quedo solo con mi madre a vivir. Tuve que pensar bien las cosas sobre lo que quería hacer, después de un tiempo decidí hablar con mi mamá Margarita Gómez, y le dije: “yo quiero dedicarme a tejer en el telar de cintura”, mi madre sorprendida al escucharme, me miro con desconcierto y me respondió: sabes bien, que es un oficio solo para las mujeres, sí te enseño vas a ser criticado por la gente, tú forma de vida debe seguir en el campo como los demás hombres. Mi madre nunca me dejo solo y ella decide apoyar mi decisión. 

A la edad de 25 años empecé a reforzar el aprendizaje, fueron unas pláticas con mamá, (Alberto me platica con rostro entre lloroso que fueron momentos enriquecedores junto a ella), ella le enseña a contar los hijos para tejer, a preparar el urdidor y las demás técnicas que de toda la vida había visto, aunque de lejos, pero Yo sabía cómo hacerlo. Sólo necesite un día para aprender, siento que yo, ya lo traía en la sangre. Yo nací tejedor, pero por ser hombre se me complicó dedicarme desde niño a tejer. Vengo de una generación de tejedores, mi tatarabuela, bisabuela, abuela, madre, hermanas se han dedicado al telar de cintura.  Ahora soy, parte de esta generación en mi familia, aunque sí, la primera generación de varones en toda la comunidad. 

Ahora tengo 30 años de edad, he logrado que mi sueño que siempre tuve, de ser tejedor se haya cumplido. Su rostro a punto del llanto prosiguió, mi camino no ha sido nada fácil, tuve que vivir encerrado en cuatro paredes en la casa, para que nadie me viera tejer, sólo mi madre me respeto y acompañó. 

Mi propia gente de la comunidad me criticó, me dijo cosas feas, muchas cosas feas, pero un día le dije a Dios: no estoy haciendo nada malo, solo estoy trabajando.  Exclamo con un suspiro “fue muy difícil”. Al ver y sentir que mi propia familia empezó a apoyar mi decisión, decidí salir del encierro, de las paredes de la casa, para por fin poder tejer en el patio, como todas las demás lo hacían, así es la tradición, en los patios de las casas se utiliza el telar de cintura. 

Alberto expresó: tejer es arte, tejer es amor, es paz, es desahogo, es herencia, para mí es todo. Mi sueño lo veo realizado, un sueño que deseó desde niño. Mi corazón está alegre. 

Cinco años de trabajo, de ser tejedor y diseñador; la creación de las prendas y artículos que realizo junto con mis compañeras las combinamos con colores y el tejido en sus formas; nuestras figuras de los brocados hacen referencia a la naturaleza, al maíz, a la vida, a la familia y al cosmos. La técnica que utilizo es un proceso de realización con hilo de algodón, lana de borrego teñida con tintes naturales, técnica antigua y tradicional de nuestra comunidad y el rescate de los brocados Ach´ Vinik.

Ahora su comunidad se siente orgulloso de mí, me agradece por todo lo que he logrado durante estos cinco años, me dice gracias por apoyar a todas las compañeras, mujeres tejedoras. Continúo diciendo: en Aldama no hay trabajo, entre su lucha es, que cada pieza que elaboran tenga el pago justo, que valoren el trabajo que por meses e incluso se llevan un año o más en tejer, depende mucho la pieza y el diseño. Lo que sí está claro, es un Arte donde se plasmamos muchas historias.

Con una sonrisa en su rostro y gran emoción, dice: ahora cuando camino por las calles de mi comunidad todos me saludan, eso me alegra el corazón, me da gusto que todos me hablen, me sonrían; es un gusto cuando me invitan a comer, a pasar adentro de sus casas, entre risas prosigue: mi gente me dice no tenemos carne para invitarte a comer pero sí yerbas, que crecen en su región de manera natural, es lo que acostumbramos a comer en Aldama; yo feliz contesto, no importa que me inviten a comer eso, estoy acostumbrado a comer yerba.  Incluso entre carcajadas, dice: luego me invitan a pasar a tomar, aunque un vaso con agua, ahora mi gente no deja de agradecerme por todo el trabajo que estamos realizando con las familias de mi comunidad, hemos logrado sacar el trabajo que con orgullo seguimos y queremos preservar y enseñar, para que este no se pierda. 

Ser ejemplo de mi comunidad, me gusta; ahora los jóvenes ven que no hay trabajo, al ver que no tienen nada que hacer, se acercan para aprender y empezar a tejer. Incluso los esposos de mis compañeras lo hacen, aunque algunos ya son grandes de edad. Ver a todos participar, todos ahora aprenden y juntos están en los patios con su telar de cintura, unos tejen, otros realizan bordados. 

Dar platicas a los niños, niñas, jóvenes de las escuelas, es otra de sus procesos de concientizar, a través de su historia de vida ha logrado un cambio para bien, de respeto, de que cada uno decida que quiere hacer y ser, pero siempre con el objetivo de ser mejor ser humano, ayudar en su comunidad, de aportar valores, derechos y más que nada sentir el orgullo de ser de Aldama, Chiapas.

Actualmente enseña a un grupo de 35 alumnos, para él ver que ahora hay más hombres, es muestra de todos podemos realizar nuestros sueños, sin límite alguno.

El arte de tejer debe continuar, da identidad a nuestro México y no debemos dejar que se pierda la herencia que nos transmitieron nuestros antepasados. 

Le gusta enseñar la técnica, a todo aquel que quiera aprender. Llevar el nombre de mi pueblo es mi gran labor. Cuenta ya con un catálogo de sus diseños, desea escribir un libro de su vida y espera ser leído por todos. 

Una historia de vida que día a día lucha por los derechos de su comunidad. Agradecido con todos aquellos que lo impulsan, le ayudan a difundir el trabajo que con amor realizan en su comunidad. Querido amigo Alberto, gracias por compartir la vida, una vida que has sabido enfrentar y salir adelante. 

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